Ahora que paso unos días en casa de mis padres a mi madre y a mí nos gusta de vez en cuando escaparnos a la capital y pasar el día allí. Nos vamos bien temprano, para desayunar en nuestra cafetería de siempre, donde tenemos hasta nuestra mesa preferida. Para nosotras compartir un café es mucho más, es compartir risas, confesiones, impresiones...somos como dos auténticas amigas que se vuelven a juntar despues de mucho tiempo. La diferencia es que veo a mi madre todos los días, pero da igual, siempre tenemos algo que contarnos.
Y os preguntaréis, ¿qué tiene que ver esto con un mousse? Jajaja, pues resulta que el nuestra última escapada comimos en un restaurante donde pedimos de postre un mousse de chocolate y naranja. A mi madre le vuelve loca esa combinación. Estuvimos dando vueltas antes sin rumbo buscando un sitio donde comer, y fue precisamente ese postre en el menú el que nos hizo decidirnos. Total, que todavía con ese saborcillo en la boca tan bueno que nos dejó, me animé a preparar uno. Nunca antes lo había hecho, ya que no soy mucho de postres de cuchara, donde haya una buena tarta que se quite lo demás ;) Pero tengo que reconocer que no tiene nada que envidiar a cualquier otro postre. Está igual de rico, y por unos días puede sustituir al yogur que siempre estamos acostumbrados como postre.